Ser chofer de colectivo “no es para cualquiera”

La polémica alrededor de los colectivos en la ciudad de Córdoba es de larga data por distintos motivos. El chofer es uno de los protagonistas en cada viaje y también suele atraer a críticas. Sin embargo, el colectivero Esteban Armoya defiende su puesto dando explicaciones y respuestas a varios de los cuestionamientos de los usuarios del transporte urbano.

Armoya o el “coletuitero”, como le dicen, es chofer de la empresa Coniferal y conduce en distintas líneas. Además, estudió locución en el CUP “aunque nunca ejercí”, dice. Tiene gran popularidad en la red social twitter y comenzará a escribir en transitocordoba.com

“Qué loco esto de encontrarme, de repente, escribiendo para un medio periodístico, siendo tan sólo un locutor que no ejerce y que un día, presentando curriculum y atravesando una seguidilla de requisitos, se volvió un chofer de colectivo con una cuenta de twitter y con ganas de expresar lo que ve y lo que vive entre ese asiento de elásticos negros y ese volante que controla a ese grandote que traslada a cientos de ustedes día a día.

Mucha gente tiene una mala imagen del chofer de colectivo, por su temperamento, su carácter, su gesto al volante o su forma de trabajar, quizá. Y también por lo que gana, es la típica queja cuando algo sucede.

Yo recuerdo que, cuando era usuario permanente del transporte público, al que más odiaba era al chofer, siempre le echaba la culpa de todo lo que pasaba, de las demoras, de las roturas de los coches, era un constante enojado. Hoy, en 2013, la gente no cambió demasiado ese pensamiento, la única diferencia es que, a dos años ya de haber entrado a la empresa Coniferal, la visión me cambió mucho, pero porque lo veo y lo vivo desde el lado que yo más odiaba.

Esa virtud que yo mismo reclamaba en otros aspectos de la vida, la empatía, curiosamente no la tenía al momento de tomarme un colectivo. El día que me senté por primera vez al volante, con instructor a cargo, empecé a comprender muchas cosas, a vivir muchas experiencias. Conforme fue pasando el tiempo, supe por qué el chofer reaccionaba de cierta forma ante ciertas circunstancias.

Un ejemplo claro de esto es cuando un pasajero te golpea la puerta para que le abras fuera de la parada: yo, como pasajero, no sabía que el chofer podía ser multado si abría las puertas del coche para ascenso o descenso, habiendo salido de la parada e, incluso, profería mentalmente toda clase de insultos cuando me denegaban el ascenso.

Pero todo tiene su lógica y es fácil de comprender. Si el coche está parado en medio de la calle, con el semáforo en rojo y le abre a un pasajero, éste corre el riesgo de tropezar en algún escalón, de caerse, golpearse. Y esto genera un riesgo extra con los automóviles o colectivos que vienen circulando. Y, en caso de que eso suceda, la responsabilidad corre por cuenta del chofer, lógicamente (él abrió la puerta).

Pese a todo eso, las anécdotas arriba de un bondi son incontables, mayoritariamente las graciosas (¡POR SUERTE!). ¡Si yo les contara! Mejor dicho, se los voy a contar, mientras vayan sucediendo. No pretendo que cambien la visión que tienen del colectivero pero, al menos, sepan que no somos tan malos y que, ciertos aspectos de nuestra personalidad que nos caracterizan, tienen su razón de ser. Como decimos seguido entre los ‘cumpas’: “Esto no es pa’ cualquiera.”

Por Esteban Armoya

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